scorched-earth
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Héctor Manuel Taboada

En lúgubres cavernas bajo una tierra arrasada, enorme hoguera alumbraba la abarrotada mazmorra, una multitud atiborraba los profundos pasadizos, mientras la acusada con voz quebrada en llanto, ante la inquisición descifraba un milenario manuscrito.

“Como un nuevo e impensado amanecer, se hizo luz en su mente la conciencia. Reaccionó de pronto, como si recién hubiere nacido a la vida, percibió asombrado la claridad que le pegaba en la cara iluminándole el alma. Lleno de estupor miró su derredor, casi cegado por el resplandor que atravesaba el tupido entramado vegetal que lo rodeaba, restregó sus ojos esquivando esa potente claridad que filtraba con iridiscente destellos entre el aromado follaje adormecido. La suave brisa matutina acariciaba su rostro. Se sintió ¡vivo!,! por primera vez vivo! Sacudió la cabeza….Se preguntó quién era, adonde estaba, palpó su cara, sus manos, mirando ávidamente el paisaje, buscando indicios que le dieran respuestas, después, su atención se perdió en el movimiento de una larva mordiendo las hojas de una higuera, luego, en el accionar de una araña diminuta tejiendo su tela a contraluz. Momentáneamente, cautivó su atención el canto de los pájaros, cerró los ojos, su corazón latía…fuertemente

Respiró profunda,… lentamente…, como si por primera vez el fragante aire vegetal extasiara sus sentidos, por primera vez gozaba concientemente la vida, por primera vez creía escuchar esa dulce melodía de luz al estallar el día, por primera vez, se dejaba transportar al infinito disfrutando del placer de ese hermoso amanecer, por primera vez se atrevía a soñar…

De pronto, le sorprendió el sigiloso reptar de una serpiente entre el crujir de la hojarasca seca, le conmovió el temor ante la furtiva amenaza que se deslizaba acechando allá abajo sobre el llano. Algo muy dentro de sí le decía que debía protegerse, permanecer en silencio, tranquilizarse. Se tomaría todo el tiempo del mundo fijando su vista en cada detalle antes de abandonar su refugio. Todo su entorno fue minuciosamente observado con ojos de asombro. Por primera vez, miles de interrogantes lo invadían cuando múltiples formas cobraban vida en sus retinas. Se preguntó: ¿qué habrá allá , entre los matorrales?, ¿y más allá, sobre el extendido verdor que se mece en silencio al paso de la brisa suave?. Permaneció extasiado de placer, ante la maravilla de la vida .. Pero entonces ¿hasta cuándo? El sentimiento de ingresar a la vida implicaba que no siempre había estado allí, o acaso, ¿sería posible vivir sin percibirlo? ¿ Sería también posible, perder la vida sin saberlo? Y aún sabiéndolo, este sentimiento de habitar el mundo, este placer de disfrutar la naturaleza, ¿podría perderse algún día?, ¿algún día habría de abandonarlo este dulce sentimiento, apenas recién nacido?,  ¿ de qué modo será entonces? ¿ qué habrá después de la vida?. La duda le abofeteó la cara; se tocó el rostro, palpó su frente, se miró las palmas de las manos antes de sumergir en ellas su ansiedad, ¿Quién soy ?, ¿ qué es todo esto?… La incertidumbre le atravesó la garganta, su conciencia se trasladaba de un lugar a otro, se fugaba detrás de todo aquello que llamara su atención, se perdía brevemente en los verdes confines del campo visual, y luego volvía sobre sí misma, con las mismas incertidumbres, interrogantes que ya jamás le abandonarían: ¿qué habrá más allá del bosque? ¿del horizonte?, ¿de la vida?…

Las imágenes de la realidad transitaban pesadamente ante su recién nacida conciencia.

Sentía como si despertara de largo y pesado sueño, como si recién tomara conciencia después de letargo eterno. Escudriñó su cuerpo, sintió el suave contacto de su pelo, acarició la tersura de su piel, percibió la tibieza que emanaba de su cuerpo ¡qué nueva sensación!, ¡qué distinta y agradable  sensación de vida!.

Le estremeció su propia fragilidad frente a la fuerte contextura del ser vegetal que lo albergaba, palpó su dura corteza… Que distinto se sentía él a todo aquello, distinto a todo cuanto le rodeaba. No pudo contenerse más, su curiosidad le urgía a conocerlo todo, descendió del árbol y comprobó que él no era árbol, pues el árbol permanecía allí, apoyó sus manos para sostenerse al caminar, y vio que no era césped, pues el césped permanecía allí, cediendo bajo el peso de su cuerpo.

Luego, palpo el rugoso tronco de cada especie vegetal, olió y lamió, cada hoja, cada fruto. Miró hacia el cielo entre el follaje, el resplandor permanecía allí, cada vez más alto, cada vez más fuerte. Pisó, casi sin notarlo, los frutos caídos, rugosos y carcomidos de una robusta palmera. Le invadió el deseo de treparse a ella, pero no,… después del impulso inicial se detuvo interesado en conocer su derredor. La curiosidad le acicateaba el alma, ¿ que habrá más allá del bosque?… Volvió al palmáceo su mirada y por instinto ancestral llevado trepó y trepó con habilidad inconsciente, se dio cuenta… de que siempre lo había hecho, que “este era su lugar” y no aquel de la lejanía…Pero había una diferencia, “ahora sabía que esto no era todo”, que más allá, “algo había” y… ¡debía conocer!. Recogió unos cuantos dátiles y volvió a mirar a lo lejos, su mirada se perdió en la inmensidad de la sabana. Y como traída por un soplo de aire la duda lo llenó de angustia, de temor a lo desconocido, hundió su rostro en su regazo y sintió galopar su corazón en el pecho. ¡Sintió miedo!, trepó más y más, la altura calmaba su pavura, le daba seguridad, pero su mirada se perdía cada tanto a lo lejos. Ya no podría ignorar esa realidad distante, era más fuerte su deseo de conocer, que el mismísimo temor a lo incomprensible.

La potente claridad se tornó más fuerte aún, cuando excitado se descolgó de las alturas para corretear entre los árboles, lleno de alegría disfrutó pisando la aromada hierba, corrió y corrió entre el mundo vegetal que le abrigaba para detenerse a beber, en el serpenteante arroyo que el manantial formaba juguetón entre las piedras. La imagen en la superficie del agua lo sorprendió, se apartó bruscamente para buscar refugio, pero nada sucedió, asombrado protegió su rostro entre las manos, paseándose intranquilo mirando hacia todos lados esperó. Todo estaba en calma en el maravilloso entorno natural, se acercó nuevamente con el corazón palpitante, la imagen, instantáneamente asomaba, apartándose desaparecía, luego volvía con él, a beber frente a sus ojos, a extasiarse oliendo, tocando la frescura del agua cristalina.

De pronto comprendió, se pasó la mano sobre la frente y la imagen también lo hizo, tocó su nariz, su boca, y la imagen siguió cada movimiento.

Se estremeció pensándolo, como una revelación entendió: esa imagen, era “su imagen” curioseando el entorno natural inconmensurable y profundo desde la superficie de las aguas quietas. Volvió su atención sobre sí mismo e incorporándose orgullosamente,

¡al viento lanzó su grito!, golpeándose el pecho para imponer su presencia . Alborozado comprobó que no necesitaba sus manos para mantenerse erguido y cerrándolas en puños, desafiante caminó, lentamente, a torpes pasos que jamás se detendrían! ¡Ya no podría quedarse allí! aislándose de todo, no podría volver atrás, ni recuperar la inconsciencia perdida.! Aunque la aventura de vivir le llevara la vida! ¡ No el bosque, sino…;! el mundo sería su hogar!. Levantó el coraje su mirada, observando siempre el inmenso claro más allá de la espesura, y una vez más pisando firmemente la hojarasca hacia él corrió, para detenerse de un solo golpe y por temor, al borde mismo del extenso bosque donde había nacido. Volvió hacia él una lánguida mirada, después, llevado por un deseo incontrolable, de un incontrolable sino, en un prodigioso salto evolutivo cambió su realidad, su identidad y su destino. ¡La humanidad había despertado!, con ella la ilusión, la esperanza, también la ambición, también la guerra…

Primera y única civilización inteligente, adueñándose del mundo sometió a su antojo cada especie. Desarrolló inteligencia, cultura, artes y ciencia, pero incapaz de superar su salvajismo ancestral, codicia insaciable, inagotable violencia.

Atormentado por su mortalidad adoró múltiples deidades, soñando eternidad  buscó refugio en el poder, consuelo en la victoria. Esclavizando hermanos por riqueza y gloria, todo ser natural convirtió en mercancía mas, buscando fortuna encontró su infortunio, destruyendo bosques con afán de lucro, inconscientemente destruyó la vida,  desde entonces:

“Incesante lluvia ácida arrasa todo atisbo biológico sobre la tierra”

 

Al decir esto, la acusada levanto aterrada su trémula mirada, transpiraba copiosamente presintiendo su inexorable condena, mientras crecientes llamaradas laceraban su opistosoma,

-¡Lo dice el pergamino!,! Yo No!- gritó desesperada

-¡Blasfemas maldita desafiando nuestras creencias! -bramó la turba amenazante-

“ -¡ Nosotras, creadas a imagen y semejanza del único dios verdadero! Somos la primera y única civilización inteligente sobre la tierra-

”- “¡ El hedor pestilente de tu cuerpo ardiendo trascenderá los cielos! desagraviando a nuestro dios – ¡incineren la hereje y su maldito manuscrito de extraños signos!- ordenó

la furibunda sacerdotisa, y su grito replicándose en millares sacudió las catacumbas

¡ A la hoguera! Repitieron innumerables arañas en tumulto enardecido, cumpliendo, eficazmente su brutal cometido

Héctor Manuel Taboada
Argentina

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