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Tabetor

Sólo el eco tenue de los latidos tras la breve sombra del olvido, tan sólo el leve perfume de tus labios y una profunda pena sin sentido, sin lágrimas, sin olvido. Sólo el viento frío en la penumbra helada y el recuerdo de tu voz desgarrada en los oscuros rincones de la nada, de la nada sin tiempo, la nada eterna del nunca más, irreversible y trágico. La inmensa mole de la impotencia congeló mis venas y mis sentidos aniquilando mi comprensión y mi alma.

Sentí la opresión de la locura acechando la razón e imploré el consuelo de la muerte sin hallarlo, sin valor para enfrentarlo, acorralado, empujado a vivir con la muerte dentro, en medio de la nada, grotesca burla a nuestros sueños del pasado reciente, cuando reíamos juntos, seguros del futuro y de la vida. Creímos tener la fuerza de cambiar el mundo y lo intentamos, con inocente vehemencia lo intentamos, lo intentaste vos con tus manos pequeñas y tu inmenso corazón, con tu mirada libre de egoísmos, brillante de ilusión. Gritaste al viento tus razones, radiante de bravura y emoción y el alma diste al viento, tu razón, tu calor, el fuego de tu espíritu indomable y puro, tu valor… hasta aquella trágica noche del 16 de septiembre del 1976 “ La noche de los lápices”… Cuando la bestialidad humana vestida de impunidad arrasó tu cuarto de niña, tu tibio nido de inocente ternura, de adolescente ilusión. Nada quedaba en pie aquella noche, nada se salvó de la furia endemoniada de las bestias sedientas de sangre, borrachos de poder, sierpes venenosas lacerando tu piel, tu aterciopelada piel de virgen golondrina, tu mundo de mariposas de papel, de corazones flechados por ángeles alados con rostros de bebés. Si hasta la muñeca que arrullaras en tu infancia destrozaron, como destrozaron tu vida incipiente, tu sonrisa buena. Sobre el piso yacía la blonda bebota despatarrada y sucia, su boca roja que aún reía, sus labios partidos cual heridas abiertas sangrando ilusiones  resecas al viento, sus ojos absortos mirando la nada  asombrados testigos de la maldad humana y el hueco letal en su cabeza sobre la alfombra manchada.

Era la imagen de la muerte que reinaba sobre el arrasado entorno del cuarto en penumbras, iluminado apenas por la luz mortecina que en la oquedad vacía de la  ventana abierta, vomita la lluvia que empapa de llanto las tenues cortinas que  sacude el viento, mojando tus libros, ahogando tus sueños, tus cosas queridas pisoteadas y aplastadas por un vendaval de odio asesino. No pude controlarme, corrí y corrí desesperado, ahogándome con un nudo letal en la garganta, corrí escaleras abajo, temiendo lo peor, dejando detrás de mí la cara del infierno, el rostro de satanás vestido de uniforme. Las imágenes pasaban como en una pesadilla ante mis ojos aterrados, llorosos, desencajados por el horror y el espanto. La calle vacía, la llovizna fría, las pálidas luces cortaban apenas la oscuridad de la noche, ocultando entre sombras la furia asesina,  la  muerte acechando tras de cada esquina,  sin  pensar corrí huyendo de la noche, del viento helado, huí sin pensar de la calle mojada,  de las hojas secas, secas como nuestros sueños. Corrí,  hasta no poder más, hasta quedar exhausto, hasta vomitar el corazón por la boca jadeante. Golpeé puertas de destacamentos y seccionales, donde rostros sin almas con muecas de acero, como bayonetas, apuñalaron la vaga esperanza de encontrarte. “¡No se encuentra detenida en esta seccional!” “¡Busque en los hospitales!” “¿Sabe bien en qué andaba?” “ ¡ Muchos jóvenes se exiliaron en Cuba o están paseando por Europa! ¡Ya aparecerá!” “Tal vez esté con alguien… ¡usted entiende! A veces tienen relaciones ocasionales  y uno no se entera…”

Después, la implacable realidad; recorriendo guardias de hospitales y sanatorios privados: “¡No! No se ha registrado su ingreso”. “No hay nadie con ese nombre”. Alfombradas oficinas y lujosos despachos, palmadas y palabras de consuelo: “Descuide… cualquier cosa que sepamos le avisamos… deje su teléfono…” “La debe estar pasando muy bien”… “Resígnese amigo, tal vez no se animó a decírselo y prefirió irse sin decir nada…” “¡Quién sabe en qué andaba!” “¿Consumía droga?” “¿Usted es adicto también?”

Después me enteraría de que habías muerto en un enfrentamiento, ¿enfrentamiento vos? Vos que acunabas en tus manos los gorriones ateridos de frío, temblando de miedo. Vos, que amabas la vida y aliviabas las almas con tu sonrisa buena. ¡Enfrentamiento vos! que desbordabas de alegría como desborda de flores la primavera, vos que prodigabas amor  por la gente y por la vida ,. ¡Enfrentamiento vos! que nunca empuñaste otras armas que tus razones ¿vos? que no agredías a nadie ni con el pensamiento, que no ofendías con el gesto, ni aún con la palabra. ¡Enfrentamiento vos! que ni pisabas el parque  por no dañar la hierba , ¿vos? Que respetabas la vida hasta su más efímera expresión, hasta su hálito más tenue y frágil. Vos, que pasaste por el mundo como una exhalación, como un suspiro tierno, como una brisa leve.

¿Qué sentido tiene ahora la existencia? Si jamás la vida entre los hombres lo tuvo, si la humanidad se debate en un marasmo de odio y de mentiras, de fantasías fugaces. Si sólo importa sobrevivir, resistir a todo o nada, sin importar por qué. Solo importa explotar al prójimo hasta lo que dé, competir y ganar, pisotear al vencido para escalar, para consumir más cada día, para comprar fugaces alegrías de metal pintado, baratijas de colores producidas en Taiwán. El oropel gastado de la globalización, de la explotación mundial y la exclusión programada, la lenta aniquilación pautada por el eterno imperio de la codicia.

Pero todo se olvida, la gente vuelve a reír y a confiar despreocupada. “Y..los desaparecidos …. “algo habrán hecho”,… se apresuran a decir  “fue una guerra”  ¿Una guerra contra que, una guerra contra quién? ¿Contra gente desarmada? ¿Contra adolescentes que reclaman por un boleto escolar? ¿Contra jóvenes que empuñaban pancartas? ¿ una guerra de bayonetas contra útiles escolares? ¿ de gases lacrimógenos contra madres que reclaman por sus familias desoladas?. A eso le llaman guerra? Pero el pacto de mentiras, de discursos solapados y solemnes fantasías, aplasta la verdad sombría la farsa extiende sus raíces asfixiando los llantos, ahogando las penas, matando las almas.

La vida sigue para algunos y el pasado pronto se olvida,  no duele tanto el dolor cuando es ajeno, y la muerte de los  otros son sólo unas muertes   más, la represión es un mal sueño que duele recordar, después de todo, ¿Quién sabe? En algo habrían de andar, mejor cerrar los ojos a la verdad, mejor engañarse para poder continuar, para poder vivir es mejor ignorar la realidad que acecha tras los cristales de lujosos despachos, donde se maneja la ingenuidad de la gente, donde se decide la vida y la muerte de la  humanidad obnubilada, siempre ajena, siempre ocupada en falsas idolatrías, en religiosas fantasías de apariciones y credos, de creencias inculcadas, de entretenimientos vacíos. La muchedumbre interesada por las vidas de los famosos: por las rojas alfombras, por las  caras bonitas, la ingenuidad atraídas por la vanidad hiriente de los escenarios, los cuerpos bronceados de musculosos atletas campeones del egoísmo, regios monarcas con pies de barro y rostros de acero. Buenos Aires se luce con  lujosas oficinas de monopolios empresariales, ejecutivos histéricos, funcionarios altivos y uniformes impecables. La farsa continúa… pero no para mí.

Mientras los negocios exhiben chucherías  importadas y anuncian en inglés la abundante mercancía de una economía globalizada, difícil se hace distinguir a los trabajadores flexibilizados, de los muchos   indigentes que  invaden las calles por las noches, como sombras dolientes El derecho a la vida parece estar privatizado, reservado sólo a los pudientes, todo se tasa en dólares todo, hasta lo más insignificante. Todo menos el ser humano; el ser  humano se ha convertido en  la mercadería más barata y abundante, se usa y se tira. Nadie es responsable del genocidio, nadie  rinde cuenta del desproporcionado aumento de sus propios bienes logrado a expensas del desmesurado aumento de los males de muchos. Tan sólo el río que mansamente baña la orilla, de cuando en cuando devuelve algún cadáver mutilado con forma humana. Otros, la mayoría, no volverán jamás, me pregunto si tu cuerpo  estará allí todavía ¿ me lo devolverás río algún día?  La verdad a nadie parece importarle, todo se olvida… El ganado humano otra vez pasea desprevenido, comprando mentiras y huecas y  fantasías sin sentido mientras otros ojos, también humanos, los observan y sonríen, acechando, acechando, tramando estrategias de sucio mercado, con falsas teorías engaños y mentiras, buscando el modo de obligar y someter más y mejor, la fuerza o el engaño ¿que arma usarán la próxima vez? Mientras, calculan planifican,  esperando el momento de atacar la desprevenida manada,  como lobos a sus presas.

Al final de la calle un resplandor me pega en  la cara sacándome de mis pensamientos. Tras el puente solitario tendido sobre el manso curso de río cautivo, las luces de colores del casino flotante, son espectros fugaces de ambición danzando en el brillo superficial del egoísmo humano, disfrazándose de azar y de suerte, desplegando su falso oropel de fortunas de papel, su alegría de cartón, cautivando de la humana debilidad  la efímera ilusión de prevalecer.

El tenue brillo de las luces reflejadas en la ondeante superficie simulan un danzante edén de brillo y color  como la existencia misma… ocultando detrás el velo oscuro de sus aguas turbias manchadas de negra brea, su fondo siniestro, su abismo de basura y polución cubriendo humanos despojos de “civilización”, es un putrefacto cementerio de buques, vidas e ilusiones. Pero me atrae su misterio y su silencio eterno tras el leve murmullo de las aguas sucias; su promesa silente de paz y su oscura profundidad me cautivan con su hechizo, con su serpenteante sortilegio danzando al vaivén del negro brillo superficial, se nubla mi mente, mis rodillas se aflojan y me siento caer, la baranda mojada resbala lentamente de mis manos, mis dedos se crispan en un desesperado intento de sostenerme… pero es inútil … Enmudecido grito se ahoga en mi garganta, es la grotesca sátira final de una absurda tragedia más que concluye al fin, en la brutal comedia de la  existencia  humana; me siento caer hacia el abismo, cierro los ojos  sin pensar en nada, hacia la profunda oscuridad . Tal vez… Tal vez así estemos juntos otra vez… siempre.

Héctor M. Taboada

Este trabajo que esta basado
en un episodio real,
que ocurrió el 16 de Septiembre de 1976
y fué llamado “La noche de los làpices”

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