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 (Desde Florencia. Italia. Dic.2007)

Ruth Sancho

Desde la Torre
Del Palazzo Vechio
Un viento Botticelli
Laureaba la cúpula
De nuestro asombro.

Le había amado así,
Tan incompleto.

Aquel rostro sin Hombre,
Aquel torso tan tosco
Sin faz,
Aquel cuerpo sin cuerpo,
Reciamente encerrado
En la cantera
De nuestras imperfecciones.

Mas aquella mañana de sfumato
Una divina esencia
Un Angélico don
Disipo nuestras dudas metamórficas
Irguiendo con su presencia
El símbolo de nuestra libertad.

Y así
Nos desprendimos
Del peso de tantas frustraciones
Frisamos
Las conjeturas de la incredulidad
Y comprendimos
Que el pulso de la eternidad
Palpitaba en nuestras manos.

Ruth Sancho Huerga
Melbourne

 

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