El Espejismo

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Ruth Sancho

Serpenteante,
Sigiloso,
Enredado en la reja de la rutina
Escondido en el quicio de la razón
Susurrando en el alba
de un naranja azafrán,
o en un rumor salado
cual cuchicheo albino
de rocas aburridas,
despierta el Símbolo.

Se viene de a poquito,
Camina de puntillas para no dejar rastro,
Es un maldito amante
Que me tiene alocada,
Pues me habla solo a mí.

Me baila en los bazares
con el velo del mundo,
virando,
volteándome con pétalos de palmas
con tacones y oles,
besándome el instinto
tentando a la intuición,
llenándome la boca de palabras y tinta,
preñándome de fuego
vaciándome el rencor,
sollozando la rabia de que no me quisiste,
desgarrándose el pecho
derribando el temor,
Me roba el alma.

Y me pierde,
para encontrarme luego,
embobada,
en la tienda de alfombras persas
donde el ocre sabe a curry y el granate a pimentón.
Y en este paraíso
De geométrico matiz
De pigmentos y aromas
De estampados florales con sus aves cautivas,
cuenta cuentos bordados en el telar de mi memoria
deshilacha los nombres de tesoros perdidos,
de ruinas de historia
y batallas de tapiz.

Es un guapo jinete
que en un espejo de agua
me arremolina
turbándome el sentido
con el trotar de su propio destello,
caligrafía en ondas mil piropos
mil mensajes sobre una luna nueva,
y en la taberna
me embriaga con su vino,
para marcharse así,
tal y como vino.

Y es como un espejismo
del que ya no hay salida,
que una pierde el oremus
de lo que es realidad;
y en este hilo de luz
voy haciendo equilibrios
voy dibujando versos
voy puliendo el umbral
de mi poesía
filtrando el elixir
de este otro yo.

Que se ponga la niña
El mantón de Manila,
Y que toque el cajón
Que hoy estamos de fiesta,
Suena el cante gitano
Por la Medina.
Y cuanto tintineo!
Cuanta alegría!
Que se venga la risa
de los claveles!,
El jolgorio y la voz
de los balcones!,
los volantes de encaje de la mar
con su revuelo!,
Que se venga
la copa de los pinos,
Que se venga la vida
por montera,
Que el oasis
que me ha nacido adentro,
ya no es de ensueño,
que esta vez es de veras!.

Ruth Sancho Huerga
Melbourne

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