Cinco Dinares

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VIAJE AL FONDO DEL ALMA HUMANA

Hector M. Taboeda

La mañana brumosa se desplomaba como un capote gris hasta el lejano horizonte del estrecho paisaje, y la espesa niebla, ocultaba parcialmente, la lengua de mar que se mecía burlona lamiendo la bahía. Mientras que  lentamente, desde la inmensa garganta de la eternidad sin tiempo el arcano impenetrable vomitaba el nuevo día, derramándolo apenas, como una estela de luz bajo el pálido sol de Puerto Ensueño, el que con tímidos efluvios luminosos, asomaba temeroso como dudando salir.

¿Qué hacía yo esa mañana, con las manos en los bolsillos, mirando el horizonte y soportando estoicamente, las inclemencias de la madrugada otoñal? . ¿cómo y porque? Simplemente la respuesta no la sé y quizás nunca la sepa.  Sólo, se que con las sienes doloridas abrigando entre mis manos,  por el cansancio abrumado me tendí sobre la arena, con los párpados pesados y la mirada perdida doblegado por la intriga existencial de la vida.¡De pronto surgió! , aunque,  ¿De dónde surgió? ¡ eso nunca lo sabré, ¿de la nada tal vez? ¿De qué lejano puerto vendría aquel viejo marino, que con voz grave repetía latiguillos engarzados en la niebla matutina? ¿Por qué razón reverberaría seco el sonido, con un punzante eco vibrando en mis oídos?, acaso serían tan solo en verdad agudos  y febriles destellos de curiosidad? Eso tampoco lo sé. Lo que sé es que su rostro barbado apareció de pronto frente a mis narices, con su piel rugosa curtida por las sales de todos los mares, su pipa humeante, sus cabellos blancos, mirándome fijamente a los ojos, como si me conociera de toda la vida. Me hablaba directamente a mí, escudriñándome con su mirada, con un mensaje directo, inexorable. Me sorprendió su osadía y dudando me negué. “¡Cinco dinares!”, me dijo.
- “No, no”, respondí sin saber lo que buscaba. Al ver mi temor se alejó un poco y  agitando su campana, sin dejar de mirarme, como pregonado al azar, continuó con sus cantares:

- “Cinco dinares tan sólo y me lo va a agradecer.

Cinco dinares el viaje, sé que se va a sorprender.
Verá lo que nunca ha visto y aún lo que no quiere ver.
Este es el  viaje que nadie debiera dejar de hacer.
Cinco dinares apenas, verá lo que nunca ha visto
y verá también lo que nadie debiera dejar de ver.
Cinco dinares tan sólo, no es un viaje de placer.
Por sólo cinco dinares todo lo va a comprender.
Verá lo que nunca ha visto y aún lo que no quiere ver.”

¿No se sé porqué pero me atraían, su mirada penetrante  y su misterioso  pregón? Mientras, la vieja embarcación rechinaba a sus espaldas, meciéndose lentamente como un péndulo ancestral marcando el paso del tiempo. Más, ¿de dónde habría de sacar yo cinco dinares? Me hizo reír lo vano de mi temor, tan luego cinco dinares, ¡si yo no sé ni lo que son! Y sonriendo me acerqué, alejando mis temores, “no seré su pasajero, de eso no cabe duda, porque por más que me porfíe, de mí no obtendrá un centavo ni aunque me cuelgue de pies.” Y me entretuve después  observando aquel viejo velero que con un halo misterioso se mecía quejumbroso como añorando partir.

De pronto su voz tronó retumbando en mis oídos; vi su rostro rugoso frente al mío. “¡Cinco dinares!”, me dijo. “Sé que se va a sorprender.” – “¡No, no los tengo!”, repuse, seguro de esquivar la embestida con semejante respuesta.

- “Lo que tienes en el bolsillo alcanza, vamos, aborda de prisa”, dijo. Palpé el bolsillo de mi descolorida camisa y ¡por dios!, ¡cinco relucientes dinares aparecieron de pronto en la palma de mi mano!. “Vamos, aborda de prisa por  la rechinante explanada, que mi bajel te esperaba y está próximo a partir”,  Por    insistente  premura súbitamente apurado, sin saber que era llevado por la mano del destino, abordé el baje aquel, obnubilado y  perdido, porque aún   no comprendía por qué causa yo tenía tal cantidad de  dinares. ¡Tripulación,   a soltar amarras, vociferando ordenó, y  retirad la explanada! “ que ya esta nave amarrada clama por ser liberada para lanzarse a la mar!  “¿Quién Yo?”, pregunté asombrado, “creí que era un pasajero”. Pasajeros de la vida somos todos a la vez y nos apeamos de ella  sin llegarla a comprender, Mas si has de hacerte a la mar y pretendes regresar tu esqueleto a tierra firme, en mi  ¡tendrás que confiar! y obedecer sin dudar puede ayudarte a plasmar tu intensión en realidad. – siendo tu sola presencia  toda mi tripulación desde la proa a la popa y desde babor, a estribor no me  queda otro remedio que confiar en tu valor, después de en mí por supuesto!, ¡ haz lo ordeno y despliega las velas! Porque a partir estoy presto,  ¡apenas alcancé a hacerlo¡ y logré subir corriendo cuando ya el viejo velero quejándose lastimero lanzábase a rumbo incierto. ¡ Quince grados a estribor!”, gritó girando el timón y rechinando el viejo casco como quejándose al viento se inclinó sobre las aguas empujado a sotavento. Para no caer me tomé de las cuerdas con las que intentaba amarrar las velas henchidas por el viento.

- “¡Vamos! ¡Sostén con fuerza!”, ordenó, “¡y hazle un nudo marinero firmemente a la pasteca!”. Obedecí sin remedio ya que el bajel se quejaba y recostado al ras del agua, surcándola raudamente con un gemido incesante, atravesó la bahía. Dejamos atrás la rada que se perdió en la neblina. Ya la suerte estaba echada, ¡quiera dios que la osadía no termine con la muerte!. A la protección del puerto le siguió el mar encrespado. “¡Es el mar de la diosa ira!”, gritó mientras la proa se sumergía bajo la cresta bravía de las olas inclementes.  “Guárdate de ella, que en el corazón reprime  las voces de la razón. La ira es la regresión hasta el salvaje pasado y a la humanidad domina con conductas ancestrales de las bestias que hace añares debimos dejar de ser. Mantente firme en tu temple, desoyendo su llamado; con tu criterio liberado abrazando la razón, porque dejarse llevar cegado por la pasión es negar la condición racional del ser humano”, me dijo. Después las agitadas olas muy lentamente pasaron y poco a poco llegaron remansos de tibia calma; el aire se hizo transparente y toda neblina oscura se disipó en la mañana.

- “Mas, ¡no confundas!”, expresó, “superficial es la calma en aguas que son  profundas”. Desoyendo la advertencia, por disfrutar de mi viaje, me senté sobre la proa para admirar el paisaje. Al momento, una dulce canción que llegó hasta mis oídos cautivando mis sentidos, me llevaba hacia el abismo. Sostuvo el viejo mi brazo con gesto y mano segura. “¡No escuches esa canción!, ¡resiste la tentación, que es un canto de sirenas!. Quien pretenda dominarte ganará tu voluntad halagando tus oídos, así es como siempre ha sido y es como se ha convertido a este mundo en un infierno, en el que todos recelamos aún de los más allegados; por nada nos enfrentamos, defendiendo nuestro ego y por casi todo peleamos buscando prevalecer. Nos privamos del placer de disfrutar la riqueza que dios puso en nuestras manos, para obtener el poder. Miseria, guerras y hambre, violencia y discriminación, van sembrando por doquier, cegados por la ambición”. Y mientras esto decía, repentina tempestad ennegreció el mediodía. Perdidos en la penumbra, los vientos nos arrastraron hacia una isla desierta. “¡Arriad las velas!”, ordenó, “la vanidad nos desata sus vientos huracanados y a la isla  de la soledad nos llevará condenados”. Pero ya era tarde. El buque, por la embestida, se arrastró sobre la orilla y nos arrojó a los dos de bruces sobre la playa. El bravo capitán se incorporó de pronto.

- “¡Soy Cronos, el indomable!”, bramó blandiendo su sable en contra de la tormenta. Un rayo lo iluminó y caímos en el profundo abismo del alma humana. “Los naturales instintos habitan este lugar, no te dejes arrastrar por sus brutales llamados”, me dijo.  Así fuimos acosados por el terror, la codicia, el egoísmo y la maldad. “No dejes que te gobiernen, somos seres racionales y  la diosa solidaridad nos librará de sus males”, dijo tendiendo su mano que firmemente alcancé y simplemente así fue que juntos nos apoyamos uno a otro en nuestras manos, protegiendo mutuamente la frágil humanidad de nuestros cuerpos cansados. Después, en la espesura de la noche más oscura  arrastrados fuimos  sin remedio hasta el más profundos de los sueños. No se cuanto tiempo fue, si una eternidad, una noche o tal vez tan sólo, un segundo. Sólo se que al cabo de cierto tiempo  la tormenta había pasado y el sol brillaba otra vez. “¡La pleamar!” dijo Cronos cuando las olas de  pronto se empezaban a encrespar  y el Nullius nos esperaba con su quilla liberada meciéndose en su lugar . “¡Desplegad las velas, grumete!, o quedaremos al garete flotando en la inmensidad. ¡Soplen vientos de amistad!, ¡llevadnos de vuelta a casa! Que soñamos regresar… y los vientos resoplaron, cálidos y aromados acariciando las velas  cansadas de tempestad. Navegamos todo el día mientras que el mar  nos  mecía en la cresta de las olas, con el sonido del viento… lentamente, y con su andar.   Mas allá la niebla espesa y la humedad que nos pesa en los  parpados cansado que se empieza a cerrar, después no recuerdo más. Sólo sé que  desperté aterido, y casi temblando de frío sobre la arena tendido, con la mirada perdida en la quietud indefinida de ese puerto desolado y  con el estupor que aun hoy, en el recuerdo me inquieta. Nunca llegué a comprender la extraña experiencia aquella. Aunque el tiempo y a ha  pasado,  aun no lo puedo entender,  ¿será que lo habré soñado porque me dormí arrullado por el canto de las olas? No sé, pero se que de pronto, el aromado olor del tabaco me llamó la atención, ya que una pipa encendida humeaba sobre la arena; entonces, asombrado comprobé tomándola entre  mis  manos,  que decía “Cronos”    amorosamente grabado a  punta de sable en su frente, complacido la tomé y pitando me alejé, sintiéndome muy valiente, conocía más a la gente y el sol brillaba otra vez.

TABETOR

Taboada Hector M.

About Taboada Hector M.

Soy abogado, soy casado con 2 hijos, vivo en la Ciudad Autònoma de Buenos Aires Argentina.

En cuanto a mi actividad, les dirìa que alterno el ejercicio de la profesiòn con la docencia universitaria y la aficciòn por la escritura, tengo algunos trabajos publicados y muchos inèditos, mayormente ensayos, quisiera saber a que paràmetros deben responder las obras literarias para ser publicadas
Argentina, Ensayo, Literatura Española, Spanish, , , , Permalink

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