Ruth Sancho Huerga


Todo lo que hoy escriba
me va a saber a poco.

Describir su sonrisa diaria de amapola
y esas bromas conjuntas de jardin de verano,
sus lagrimas de escama cuando el desprecio hiere,
sus pasos de gorrion
o su dormir de nube,
se me hace muy escaso
o suena a prototipo.

Hablar de sus poderes
y consejos de bruja,
sus estudios de master en “Pocimas de Amor”,
de su orden obsesivo de dicator febril,
su paciencia de Santa,
su entrega transparente como fuerza del rio,
sus rabietas de cria
o lo bien que le sale la comida el domingo
no parece que sean
materia para halagos
o versos de marfil.

Sola hay una,
eso es cierto,
y que nos viene dada,
pero si de cambiarla se tratara,
ninguna mas perfecta e imperfecta quisiera
ninguna a la que amar y odiar al mismo tiempo
pudiera mas salir
de las entranas.

Y ya que sola hay una
y de sabios es cuidarla,
y aunque nos suene a cursi y zalamero
que sepan hoy al menos
que lo oigan de mis labios
que lo que yo mas quiero es
que “TE QUIERO”.

Ruth Sancho Huerga
Melbourne

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